Una bandera para todos

Una de las cosas que es posible que más sorprendan a un observador es el poco arraigo que los símbolos nacionales tradicionales tienen en España. Es un hecho que la bandera, por ejemplo, todavía levanta alguna ampolla entre parte de la población. Es decir, hay alguna proporción de españoles que no se sienten representados por su bandera; y aunque este hecho pudiese encontrar algún paralelo con el de otras nacionalidades lo realmente curioso es que incluso para aquella parte de la población que sí se siente medianamente representada por su bandera, ésta no es un símbolo de primer orden, no existe esa conexión fundamental y profunda entre la identidad propia como español y la bandera como símbolo que lo expresa.
Los españoles no suelen ser conscientes de este hecho hasta que no se le apunta directamente, ya que no tienen manera de sentirse de otra manera que no sea española, y la manera muy española de sentir la bandera es como apéndice artificial, como fruto de un consenso en el cual no han participado y que por ende es tan solo un compromiso, un acuerdo de mínimos. Si hay que tener una bandera para todos, bien vale ésta, pero quizás también valdría otra.
Cuando vemos banderas asociadas a otras nacionalidades ya sea en eventos deportivos, o de otro tipo es raro verlas "rediseñadas". Ya sean banderas europeas, americanas o de cualquier otro tipo las banderas que ondean suelen ser las oficiales, sin animales y sin otros símbolos anexos. Incluso las hechas en casa suelen intentar ser fieles a la original. La bandera sola es suficiente. A lo sumo podremos ver banderas en versiones anteriores o quizás alguna bandera regional, pero me cuesta recordar banderas nacionales extranjeras con un oso o un águila atravesando el pabellón. En cambio en la española es común ver a un toro. Es más una bandera con el toro es, por así decirlo, más auténtica, más nacional todavía que la tradicional, que parace un poco sosa.
El español, por regla general no se siente conectado a su bandera como lo hace un francés, un italiano, un argentino o un peruano. La bandera genera esos sentimientos nacionales tan solo cuando esa bandera se ve contrapuesta a otras banderas, cuando su función se delimita a diferenciar a unos de otros, pero no por sí sola. ¿Y qué hemos de decir del himno?
Se puede alegar que esto es fruto de que la bandera oficial actual no es demasiado vieja, ya que la última modificación se lleva a cabo en la década de los 80, cuando la bandera franquista es retocada para modificar el escudo del cual sale el águila y entra la corona, a la vez que las columnas se acercan a escudo propiamente dicho. No obstante tanto los colores de la bandera como su diseño esencial con las tres barras en rojo y amarillo sigue siendo el mismo, salvo pequeñas modificaciones, desde tiempos de Carlos III, en 1785. Es decir, la bandera española en su esencia es más vieja que muchos países con banderas bien establecidas (piénsese en Italia, Alemania, o cualquier país de América).
Por lo tanto el problema debe estar en otro lado, y quizás se refiera a la utilización franquista de la bandera y del resto de los símbolos como posesión de "una de las españas", símbolos que se contraponían a la otra españa, que no era de verdad española. Tanto es así que la bandera en tiempos de la República era diferente. Así que cuando vuelve la democracia y se retoca la bandera, ésta para unos representa continuidad con un régimen con el que no comulgaban, mientras que para otros la bandera original y auténticamente española no es la actual sino aquella previa a la modificación. Así que esta bandera actual es en verdad fruto de un consenso que no satisface plenamente a nadie, y que por lo tanto no representa plenamente a nadie. Pero de los múltiples efectos del franquismo hablaremos oto día, lo de hoy va de símbolos nacionales.
Nos preguntamos entonces ¿a qué símbolos sienten apego los españoles?¿donde se asienta su sentido de nacionalidad, de identidad patria? en la comida. Uno puede criticar la bandera sin que ningún español sienta que se le ofende, se pueden hacer chistes acerca un himno sin letra sin levantar ampollas, pero lo que es intocable, sobre lo que no se aceptan chistes ni segundas opiniones es sobre gastronomía española. La comida española es, para cualquier español de bien, la mejor del mundo, cúmulo de todas las bendiciones y epifanía celestial, un regalo de Dios al resto del mundo. La comida española es quizás el aspecto que más consenso genera en toda España, y de lo que todo español se siente orgulloso y con lo que más identificado se puede sentir. Una tortilla española, una paella, el jamón ibérico, el pan con tomate, un Rioja o un Ribera de Duero, un buen pincho. Estos platos son más nacionales y más preciados que cualquier bandera y que cualquier himno. Son populares, auténticos. No son frutos de consensos y no han sido apropiados por nadie en régimen de exclusividad, y además nunca son contrapuestos a otros para delimitar posiciones regionales, políticas o ideológicas. La paella no es de derechas y el jamón de izquierdas, y aunque se reconocen los platos tradicionales como originarios de ciertas regiones, estos platos son, ante todo, parte del patrimonio español, y por lo tanto reconocidos y valorados por todos de igual manera. La gastronomía es la bandera nacional. Por eso es que es imposible valorar con un español las cocinas de otros países en comparación con la española. La cocina española está aparte de toda discusión. La comida francesa, italiana o china pueden ser buenas o malas pero nunca mejores que la española, porque la comida española es la mejor comida del mundo. Y punto.